Un papelón en el clásico y una amenaza de golpe de inflexión

Un papelón en el clásico y una amenaza de golpe de inflexión

Central apabulló a Newell’s y expuso flaquezas internas que vienen de larga data. Una goleada durísima, contra un adversario que tampoco venía firme, puede ser el detonante de grandes cambios.

Una última historia. Una situación válida para redimir viejas deudas y también para actualizar la morosidad de algunas más cercanas. Para algunos, el clásico era una oportunidad de final feliz, también de envalentonar a otros y a los de saco y corbata, de afirmarlos en el poder. Pero nada de eso sucederá. Por el contrario, fue un cheque en blanco que rebotó antes de ser emitido y ahora, la cuenta grita bancarrota a gritos. Newell’s no solo dejó pasar la chance de ganar un clásico accesible, sino que se hundió a lo más profundo.

Parece mentira que 90 minutos pueden alterar drásticamente la historia. Y es así, no todo estaba bien antes, ni todo está mal ahora, pero la sensación es que ahora todos los aspectos negativos que podían exponerse sobre la mesa, se filtraron, y están a la luz del día. Los errores en las tomas de decisiones, los malos manejos económicos, las medidas improvisadas y la mezquindad política, quedó en evidencia.

Los primeros grandes perdedores del clásico fueron los dirigentes. Hoy, al descubierto. Las opciones con Germán Burgos son las siguientes: es un mal entrenador y fallaron, no era el indicado para estas circunstancias, o como pide sobre cada conferencia el mismo técnico, necesita tiempo. Si es esto último, los dirigentes también son culpables: Burgos fue ofrecido a finales de 2020 y los mandatarios de la Entidad del Parque decidieron darle aire a un desgastado Kudelka, echado y renunciado, por igual, a las pocas semanas de asumir. Sea cuál sea el punto de vista, parece difícil renovar el crédito a quienes conducen la institución. Las urnas decidirán por sí solas si será un punto de inflexión.

Lógicamente el segundo perdedor fue el entrenador. El no es culpable, sí, responsable. Anoche pifió feo, está claro, aunque no puede dejar de negarse que es su primera experiencia, que él no tiene la culpa de tener una filosofía futbolística diametralmente opuesta a la que tiene la institución y que, no hay duda, recibió un plantel limitado y deteriorado. Lo que sí es cierto, sea en mayor o menor medida su culpa, es que su imagen está al borde del colapso, y ante un escenario francamente negativo en la Copa Sudamericana, será necesario ir analizando posibles opciones.

En un último reglón, los jugadores. Como fue anticipado por quien escribe estas líneas, todos se jugaban algo: desde los más chicos, que tenían que establecerse en sus respectivos lugares, a los referentes que se despedirán de una manera triste e injusta. Maximiliano Rodríguez e Ignacio Scocco, opiniones deportivas del presente al margen, hicieron demasiado por la Entidad del Parque para terminar su trayectoria profesional de una manera tan desagradable. Como prácticamente todos, son también parte del problema, aunque, siendo honestos, más de uno podría convertirlos o harían lo posible, para sean parte de la solución.

Axel Rolon

Axel Rolon

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